La diarrea del viajero suele aparecer sobre el 2º o 3º día de la estancia, de comienzo brusco y puede ir de 4 a 10 deposiciones o más al día. Por fortuna, suele ser un problema de unos días; si se toman las medidas oportunas duran menos y generalmente no suele revestir gravedad. Se tienen que tomar medidas para no deshidratarse; si aparece sangre, heces con mucha mucosidad o fiebre hay que acudir inmediatamente al médico.
El agua es una de las principales causas de la diarrea; se trata de agua no potable y por eso siempre hay que tomar agua embotellada y que la hayamos abierto nosotros. También todo aquello que podamos comer crudo, como vegetales frescos que no hayan sido bien lavados; carnes, pescados o mariscos que estén poco hechos o crudo y se hayan mantenido sin refrigeración.
Hay que desconfiar siempre de los alimentos comprados a vendedores ambulantes. También vigilar con la mayonesa o con salsas que la contengan; ya que estas pueden contaminarse a través de una persona que es portadora de una infección y que ha manipulado esos alimentos con un aseo personal deficiente.
Casi siempre el culpable es una mala manipulación de los alimentos o una conservación incorrecta.
La prevención pasa por no tomar ningún líquido que no sea embotellado, no tomar nada que esté crudo y evitar todos aquellos alimentos que puedan tener mayonesas o salsas o que puedan contener huevo.
El carbón activado va bien, no sólo para poder seguir disfrutando del viaje, sino también para evitar la deshidratación y la pérdida de electrolitos. Lo primero es hacer una dieta blanda, restaurar los líquidos haciendo que la persona beba bebidas que contengan sales minerales y tomar carbón activado. Este actúa por absorción, capta tanto las toxinas y los gases como las bacterias que han causado la diarrea.

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