El virus del papiloma humano es el virus por excelencia que se esconde tras la causa de un cáncer de útero. El doctor Aureli Torné, consultor de ginecología del Hopital Clínic de Barcelona y Presidente electo de la Sociedad Española de patología cervical y coltoscopia, nos aclara las dudas en torno a esta enfermedad, su desarrollo y los modos de prevención.
El contagio del VPH se realiza por vía sexual, es decir, a través de las mucosas de la zona genital.
Lo cierto es que hay otras maneras de contraerlo, pero a nivel clínico no tienen más relevancia ya que no implican una interacción de mucosas. Nos referimos al sexo oral o por uso compartido de algún objeto, como una toalla, pero remarcamos que estos casos son más a modo anecdótico. Las parejas monógamas, que solo mantienen relaciones con el otro miembro, en principio no deberían ser susceptibles de contagiarse por el VPH siempre y cuando los dos estén sanos. Ahora bien, basta con que una de las partes haya tenido o tenga una relación con otra persona para que caiga en el riesgo de contagiarse. Para estar más seguros, lo mejor es someterse a las pruebas de detección del VPH y hacer uso de métodos de protección como el preservativo. En el caso de que uno de los miembros de la pareja esté contagiado, el condón será el mejor aliado. Hay que recordar que un 30% de las mujeres de entre 20 y 30 años son portadoras de algún tipo de virus, aunque de cara al hombre estos datos son menos relevantes. Una de las molestias que pueden aparecer, tanto en hombres como en mujeres son las verrugas genitales, cuyo significado desprende que se es portador de algún tipo de virus, no necesariamente del VPH. Uno de los métodos usados para controlar las infecciones por VPH son las citologías. En Catalunya existe un protocolo que marca que toda mujer sexualmente activa debe someterse a esta revisión en cuanto se ha iniciado en el sexo. En el caso de que la mujer ya haya cumplido los 25, la citologia se debe hacer independientemente de la relaciones sexuales que mantenga. La citologia es un modo de criba que sirve para controlar que no se acabe desarrollando un cáncer de cuello de útero. La citologia requiere reiteraciones en unos intervalos de tiempo. Si las dos primeras deben acumularse en el mismo año, el resto se realizan cada tres años. Con esta metodología se consigue no dar tiempo al virus para que se desarrolle. Hay que recordar que el proceso de esta infección es muy lento, por lo que si empieza a evolucionar justo después de hacerse la citología correspondiente, en los siguientes 3 años no habrá tenido tiempo de llegar a niveles de gravedad. Por eso es importante seguir estos intervalos de tiempo con rigor. Otra de las maneras de detectar una infección por virus de papiloma humano es la vacuna del VPH. El ginecólogo realiza una extracción de células del cuello uterino, unas cantidades mínimas de adn que ya servirán para realizar el análisis y comprobar si el virus está presente. Estas son pruebas muy sofisticadas y seguras, de gran fiabilidad y que no presentan dolor. Además, son muy sensibles por lo que no se requiere de grandes cantidades de extracción. En cuanto a la prevención, existe una vacuna específica contra este virus. La vacuna se aplica en más de 90 países, dentro del calendario vacunal, en niñas de 11 a 14 años de edad, grupo de población que se considera que aún no ha podido estar en contacto con el virus. Antes de que se inicien en el sexo, se les suministran estos anticuerpos que permanecen en el cuerpo unos 20 años. Por este motivo no habría necesidad de revacunación. Estos datos de durabilidad no están demostrados 100%, pero los datos obtenidos son muy sólidos y dan casi por seguro que la efectividad es de por vida. La vacuna del VPH constituye una herramienta muy valiosa para conseguir que en las próximas décadas se reduzca de forma significativa el cáncer de útero y de otras zonas genitales.
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