Igualmente, los investigadores han conseguido demostrar que aumenta la presencia en sangre periférica de las células T reguladoras, pero también infiltran el órgano trasplantado, en este caso el riñón, "con lo cual, la presencia de estas células en el órgano trasplantado inducirían un estado de homeostasis local, para lograr que este órgano se tolere", asegura el doctor Grinyó.
Inmunosupresores actuales
El estudio también confirma que el porcentaje de células T reguladoras es significativamente mayor en los pacientes que reciben como tratamiento inmunosupresor un inhibidor de la mTOR llamado sirolimus, que los que reciben otro tipo de tratamientos. Según apunta el doctor, "sirolimus, tanto por experimentos in vitro como in vivo realizados en enfermos, induce y favorece la persistencia de estas células T reguladoras".
El siguiente paso tras la publicación de este estudio, según el especialista, será comprobar si sobre la base de la respuesta inmunológica que tienen los pacientes frente a un posible donante, esos pacientes se podrían beneficiar de un tipo distinto de tratamiento inmunosupresor. "A aquellos que tengan una baja reactividad se les podría administrar sirolimus, a fin de activar la producción de estas células T reguladoras y disponer así de un tratamiento inmunosupresor que además reduzca la nefrotoxicidad como es el caso de este inhibidor de la mTOR", concluye el doctor Grinyó.

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