Cuando el consumo de una droga se convierte en un problema se asocia siempre a una alteración de comportamiento. Es difícil que la persona, en los estadios iniciales, manifieste que tiene una alteración de su comportamiento habitual. Suele ser la familia, los amigos o la gente que le rodea que ven que esa persona empieza a comportarse de forma distinta. Esa es la manera más fácil de saber que una persona tiene problemas con las drogas.
No todos los problemas de drogas se convierten en una adicción; se pueden desarrollar trastornos del sueño, afectivos... Hay personas con un consumo de alcohol lo bastante alto como para que afecte al hígado; tienen problemas sin que se cumplan los criterios de adicción.
La adicción es un gran problema, pero también se debe hacer caso de los problemas asociados al abuso como los físicos o emocionales o incluso los legales.
Lo más habitual es que sea la familia, con mucha carga de miedo y de tensión, la que acuda a ver al médico de familia para poder afrontar la situación. Una vez que el médico de cabecera se implica en estos temas, es mucho más fácil que sea el propio afectado el que vaya a la consulta.
Uno de los problemas de la adolescencia es que el nivel de comunicación que había entre padres e hijos cuando eran niños ha desaparecido y aún no se han establecido pauta de comunicación adultas. Los padres deben seguir comportándose como tales y para poder seguir siendo un modelo de referencia.
Una persona con problemas de adicción basa su vida en la relación con la sustancia que le produce esa dependencia. Supone un cambio radical en la vida de esa persona.
Las sustancias tienen componentes que favorecen que se sigan consumiendo, pero también hay un factor personal y voluntario. Cualquier persona está capacitada para dejar las drogas aunque los cambios vitales son importantes y se necesita apoyo. Si alguien tiene dudas sobre si tiene un problema de drogas, debe consultarlo.

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