
Según el doctor Lorenzo Viso, colo proctólogo y cirujano del nuevo Hospital Quirón Barcelona, el
agua fría contrae el esfínter interno y eso ahorca aún más el paso de la sangre, lo que agrava las
crisis hemorroidales. La solución pasa por aplicarse agua templada o "calentita", en palabras del propio doctor.
Tampoco debe intentarse meterse para adentro las
hemorroides, dice Viso, porque su origen no está en el interior del ano, sino en el exterior. Las varices anales sangran pero no suelen doler, excepto cuando se produce una
trombosis hemorroidal, es decir, cuando se abultan por el ano.
Aproximadamente el 20 por ciento de las
varices anales son quirúrgicas, en concreto las de estadios avanzados o las que siempre están visibles. En las de pequeño y mediano volumen se practica la
ligadura con gomas elásticas, método parecido a lo que se hacía con las verrugas para ahogarlas, o también se puede optar por las
infiltraciones, que sería algo así como secarlas, como si se pasaran de uvas a pasas.
El
postoperatorio no es algo ni fácil ni cómodo. La primera defecación tras la intervención es dolorosa e incluso la técnica del láser tampoco impide que el paciente note las molestias. A tenor de la experiencia, cada deposición supone un 50 por ciento menos de dolor con respecto a la anterior, de manera que los dos primeros días son los peores; a partir del octavo o décimo día ya sólo se nota un picor "soportable", describe el doctor Viso.
En
verano las hemorroides tienen el terreno abonado para manifestarse, ya que el calor es dilatador. En esta época del año, además, con las vacaciones se cambia de hábitos y eso las estimula, igual que el consumo de
alcohol y las comidas picantes. De hecho, el doctor Viso revela que el picante prácticamente no se digiere, por lo que cualquier cosa que irrite la mucosa anal provocará una contracción, y a partir de aquí se entrará en un
círculo vicioso en el que se alternarán en un giro incesante irritación, contracción, escozor y rascado, esta última acción en un intento de calmar las molestias.
Un círculo vicioso similar al desencadenado en una
fisura anal. Esta dolorosa lesión, que puede manifestarse en personas sin hemorroides, está causada por una contracción del esfínter interno, que a su vez provoca una mala irrigación de la zona y allana el camino para la aparición de una llaga, cuyo roce con las defecaciones desemboca en nuevas contracciones del esfínter interno a manera de reacción defensiva, alimentando así la espiral de molestias.