El cáncer de mama es el tumor más frecuente en las mujeres. Aunque en España no exista un registro poblacional completo que permita asegurar un aumento de la incidencia de casos, se sabe en aquellos lugares donde sí hay un registro que el número de casos anuales ha aumentado de forma clara. En los países nórdicos se ha multiplicado por tres.
En España la incidencia es menor pero se tiene la seguridad de que el número de mujeres que ha contraído un cáncer de mama ha aumentado en los últimos 50 años. El cáncer de mama más frecuente que es aquel que se debe a factores hormonales y que está relacionado con los hábitos o circunstancias hormonales de las mujeres modernas; entre la menarquia o primera regla y el primer embarazo.
A principios del siglo pasado la menarquia era más tardía que ahora, sobre los 15-16 años. Eso está relacionado con el número de calorías que las niñas toman en la infancia; cuantas más calorías se ingiere en la infancia más temprana es la edad en la que aparece la primera menstruación. En aquella época, el primer embarazo se daba a los 19-20 años. Todo ello, influye en el aumento del cáncer de mama.
El tratamiento para el cáncer era, hasta hace poco, igual para todo el mundo. La investigación avanza para poder determinar sub-grupos de mujeres que se benefician de determinados tratamientos, como el tratamiento con trastuzumab en las mujeres que amplifican el oncogén HER2. En los próximos años se podría asistir a la identificación de sub-grupos dentro del conjunto general de mujeres con cáncer de mama que se van a beneficiar de terapéuticas específicas para ellas, más activas y con menos toxicidad.
Gracias a muchos estudios, en los últimos años se ha aprendido sobre la maquinaria de la célula normal y de la célula tumoral. En ese sentido, se han encontrado puntos críticos para poder alterarla o incluso poder llevar a la célula a que se destruyera. Existen algunos medicamentos capaces de ello.
El objetivo es llegar a identificar las características propias de cada tumor y de cada paciente. Cuando una paciente llega a la consulta del oncólogo, se piden una serie de estudios; uno para saber si el tumor depende de las hormonas, que se determina por una técnica que emplean los patólogos y se sabe que un 60% de los tumores van a tener esos receptores hormonales. En esas mujeres se puede aplicar la terapia hormonal, que no se puede aplicar en el otro 40%. La segunda prueba de tipo molecular es para saber si el tumor de la paciente tiene o no alterado el oncogén HER2; esto sucede en un 20% de los casos. Cuando esto ocurre, se puede tratar con medicamentos anti- HER2. Se prevé en el futuro ir incorporando nuevos marcadores que permitan dar tratamientos concretos para las alteraciones genéticas de cada tumor.
Afortunadamente, hoy en día, la mayoría de las mujeres con cáncer de mama se curan. El porcentaje estaría entre un 70- 75% de los casos y esto es debido a varios motivos. Se diagnostica antes, con tumores más pequeños y por otra parte, está la mejoría de los tratamientos que se aplican. No sólo la quimioterapia, la hormonoterapia o las terapias biológicas han mejorado mucho, sino que existen otros tratamientos locales como la cirugía conservadora o la radioterapia, que a parte de colaborar en la curación del paciente, hacen que su calidad de vida sea mejor.
Hay que estar pendientes de los síntomas como nódulos en la mama, pequeñas alteraciones en la piel, retracción del pezón, etc. Todo ello hace que se puedan diagnosticar en estadios tempranos y facilitar la curación.
Hay un perfil de tumor que no tiene ni expresión de receptores de hormona ni tampoco HER2, tienen una alta capacidad de crecimiento y en muchas ocasiones, disemina con rapidez, a pesar que es sensible al tratamiento, y que acaba con la vida de la paciente. La calidad de vida de estas pacientes cuando el tumor se ha diseminado y es agresivo, empeora mucho y pueden ser muy sintomáticas.
El contenido genético y molecular de cada tumor es específico para determinar su agresividad. En los últimos años, se han clasificado sub-tipos genéticos mediante las nuevas plataformas de investigación. Existen entre 4 y 5 sub-tipos de cáncer de mama: sub-tipo luminal A, luminal B, sub-tipo HER2, sub-tipo normal y sub-tipo Basal Like, que se caracteriza por no tener ninguna de las características mencionadas; no tiene alterado el HER2, ni receptores hormonales y es un reto terapéutico.
El grupo GEICAM es pionero a nivel mundial en hacer estudios específicos para estos sub-grupos de este comportamiento y excluyendo cáncer de mama menos agresivos. En el Simposium Internacional del Cáncer de Mama, el Doctor Massagué, científico de reconocido prestigio mundial, está identificando cuales son las moléculas que hacen que un cáncer de mama vaya en algunos pacientes a hueso, en otros al pulmón, en otros al cerebro, etc. Conocer estos genes también va a permitir poder predecir y actuar sobre estos distintos comportamientos.
Existen dos factores que determinan el pronóstico del cáncer de mama; el número de gánglios axilares afectados y el tamaño del tumor. Hoy en día, con la generalización de las técnicas de screening como la mamografía, se ha conseguido que muchos tumores sean menores de un centímetro y con gánglios negativos, ya que cuanto más grande es el tumor, más probabilidad hay de que haya gánglios axilares afectados.
El cáncer de mama se puede clasificar por criterios moleculares y genéticos y a raíz de ello, se están realizando estudios estudiando específicamente el efecto de terapias en función de estos sub-tipos. En estudios ya no se ve el cáncer de mama como una única enfermedad sino como sub-grupos.
GEICAM es un grupo líder en la investigación de cáncer de mama en España y Europa y está en el ranking de los 10 primeros a nivel mundial. Ha sido capaz de publicar estudios tanto en enfermedad adyuvante, en enfermedad diseminada como en casos en los que hay metástasis; ha contribuido a aumentar el conocimiento de la enfermedad y a que cambien la manera cómo se tratan los pacientes en la actualidad.
La administración fue sensible en un momento determinado a dar ayuda a la generación y desarrollo de estudios clínicos no promovidos por la industria farmacéutica; pero los recursos son finitos y ningún grupo corporativo como GEICAM ha tenido demasiada suerte. En ese sentido, vuelven a hacer el reclamo a la administración para conseguir la mayor sensibilidad al respecto; para poder desarrollar estudios de mayor interés académico y de gran aplicabilidad en pacientes en un futuro inmediato, a diferencia de lo que una farmacéutica pretende que es testar si un nuevo fármaco es igual o superior a los que existen.
El Gobierno Central tiene una mayor capacidad de recursos financieros que el Autonómico, que tiene sus limitaciones. Mientras en España toda la asistencia es pública, la investigación es prácticamente privada. Hay cuestiones académicas que la industria farmacéutica no va a responder y que son muy importantes para las personas; esa es la responsabilidad del Gobierno y de los grupos corporativos en unión al Gobierno.
Se está intentando averiguar cuáles son las pacientes que no necesitan recibir quimioterapia. Cuando es necesaria la aplicación del tratamiento, se disponen de recursos para efectos secundarios como las náuseas o los vómitos; aunque cuando se repiten los ciclos de quimioterapia, estos efectos suelen reaparecer o tener mayor intensidad que obliga a hacer otras maniobras de tratamiento.
El tratamiento de cáncer de mama hormonodependiente en mujeres menopáusicas ha sido un campo de avances relevantes. Hasta ahora, el tratamiento más utilizado se llamaba tamoxifeno, que se trata de un fármaco que compite con los estrógenos naturales de la mujer y puede reducir el efecto del estrógeno en tumores hormonodependientes. En los últimos años, han aparecido unas nuevas terapias llamadas inhibidores de aromatasa y que suprimen la síntesis y formación de estrógenos en la mujer post-menopáusica. Se ha comprobado que añadir estos tratamientos aumenta la eficacia y supervivencia. Esta supresión de estrógenos condiciona una mayor pérdida de masa ósea; esto ha obligado a trabajar con otros especialistas para que los oncólogos aprendan a manejar este posible efecto secundario. Se puede combatir a través de medidas dietéticas, suplementos de vitamina D o añadiendo unos fármacos llamados bifosfonatos.
Existen estudios que señalan que el uso de bifosfonatos podría prevenir el riesgo de recaídas ya que pueden reforzar el hueso y dificultar el anidamiento de células tumorales.
GEICAM ha ido presentando estudios en base al perfil biológico de cada tumor con el ánimo de intentar evaluar si una estrategia determinada es útil para ese escenario. El siguiente paso puede ser acabar de consolidar el proceso de selección de esas pacientes que no van a necesitar nunca un tratamiento de quimioterapia y colaborar en estudios de investigación para poder identificar aquellas moléculas que son críticas en el proceso de diseminación tumoral para ver si se puede interferir con algún medicamento.
El mensaje que GEICAM quiere dar a las mujeres es que existen muchas alternativas en el cáncer de mama, que su diagnóstico no equivale a la muerte, que en el caso de una extensión de la enfermedad hay recursos para intentar mejorar la calidad de vida de estas pacientes e intentar cronificar la enfermedad y que tengan confianza en los dispositivos sanitarios que cuentan con profesionales de alto nivel y que están bien preparados para ofrecer las terapias disponibles.

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