Hay personas que en un momento dado de su vida pueden sufrir un cambio repentino de su conducta, y que van ligados a la enfermedad de Alzheimer, que puede modificar por completo unos hábitos de conducta establecidos durante años, como pueden ser conductas de celotipia, exceso de celos de forma injustificada, o creer que alguien le roba sus pertenencias, o que le han suplantado la personalidad a un familiar, etc.
Estos trastornos son más propios de las fases moderadas y avanzadas del Alzheimer, aunque también hay casos que se han producido en las fases iniciales, y ello comporta que haya pasado por psiquiatría por culpa de un deterioro cerebral antes de ser diagnosticado como Alzheimer.
Con la mediación actual para el Alzheimer se pueden tratar estos síntomas, así que con los inhibidores de la colinesterasa y la memantina que actúa sobre una sustancia química del cerebro, pueden mejorarse estos síntomas, pero en casos de urgencia se puede acudir a los fármacos de psiquiatría.
Ante unos celos exagerados, en general se tarda en acudir al médico, ya que no tiene conciencia de tener esa conducta y por tanto es la familia la que debe instarlo a acudir al especialista para evitar brotes de irritabilidad y violencia, comenta el Doctor Marcelo Bethier, Director de la Unidad de Neurología Cognitiva y Afasia del CIMES (Centro de Investigaciones Médico-Sanitarias) de la Universidad de Málaga.
Cada Alzheimer se presenta de maneras diversas, ya que el 30% de los afectados tienen unos trastornos mentales que hacen difícil clasificarlos como Alzheimer. Por ejemplo hay trastornos de conducta que pueden acabar en Alzheimer que son la apatía, la desgana, la falta de motivación, la ansiedad, la irritabilidad y la depresión, pero en las fases más avanzadas de la enfermedad, los síntomas serían más claros y vinculados al Alzheimer, ya que serían casos como el vagabundeo, donde el paciente da vueltas sin sentido por la casa, revisa papeles, abre y cierre cajones sin orden, y luego habría casos en que hay un trastorno del sueño grave, que duermen de día y están agitados de noche.
Los familiares deben estimular a los pacientes cuando tienen apatía, pero por otro lado deben calmar al enfermo en los casos en que hay agitación e irritabilidad, y luego en ciertos momentos los cuidadores de estos enfermos deben intercambiar sus papeles, ya que deben actuar con energía ante ciertos brotes y con moderación ante otros síntomas, lo que les conlleva un desgaste en su propia salud, y por tanto llegar a enfermar por los cuidados imposibles del paciente al que cuidan.

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