Para entrar en el agua ya hay calzados específicos para ese uso, que son zapatillas de goma muy ajustadas al pié, y que evita las lesiones plantares producidas por erizos de mar, peces araña u otros animales y objetos que están en las orillas de nuestros mares, comenta Martin Rueda, director del Centro de Podología de Santa Coloma de Gramanet y responsable de la Unidad de podología / biomecánica del F.C Barcelona.
El hecho de que siempre se haya prescrito que para la circulación es bueno andar descalzo en el romper de las olas, no implica que un calzado especial para tales usos, con zapatillas de goma tipo látex, haga el mismo uso, o sea, favorecer la circulación, evitar las irregularidades del terreno y luego para compensar el menor peso de la persona sumergida en agua, con lo que tendré menor presión sobre las articulaciones pero como la resistencia es mayor se favorece el trabajo muscular. En el caso de heridas abiertas o pieles muy sensibles, es mejor evitar esas zonas y más en las horas de máxima insolación.
La morfología de las playas, de arena fina o gruesa o pedregosa, determinará el calzado a llevar, pero siempre con el cuidado de evitar cristales, u otros objetos punzantes que pueden estar semienterrados en la arena.
En la piscina, el riesgo no está dentro del agua, que está ya controlada con productos para tal fin, pero en las zonas externas de la piscina, si hay facilidad para contraer hongos, virus o verrugas, por lo que para los bordes de la piscina es mejor usar chancletas o calzados análogos.
Los síntomas habituales para pensar que hay algún problema que afecta a nuestros pies, son por un lado el picor, ya que el hongo produce un picor muy determinado sobretodo en los pliegues interdigitales, y para ello mejor no tocarse, lavarse con jabones ácidos y ponerse sustancias antivirótica.
El hongo es muy recidivante y por tanto es importante mantener secas las zonas interdigitales, y aplicar esos antivíricos antes y después de ir a la playa o a la piscina.

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