Una artroplastia de rodilla u otra articulación, es cambiar esa rodilla por un sistema metálico o modular, sustituyendo la parte dañada de esa articulación por una parte metálica y mecánica. Al quitar esa rodilla desgastada se produce una herida quirúrgica, apartando tendones y ligamentos, y se ha de modificar la anatomía de esa rodilla, lo que representa ciertas dificultades con las venas que irrigan la zona. Viene a ser una prótesis de rodilla, que siempre es la última opción para recuperar la rodilla, siendo muy frecuente entre las afecciones que afectan a otras articulaciones.
El dolor y la calidad de vida influyen en que sea una de las prótesis más demandadas del mercado y a ello contribuye el éxito que ha representado en más del 90% de los pacientes que han pasado por ello, puntualiza el Doctor Francesc Maculé, Jefe de sección de rodilla del Hospital Clínic de Barcelona y Profesor Asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona.
Una rodilla sufre mucho desgaste, ya que tiene huesos articulados entre sí, con ligamentos que permiten la flexión, extensión y rotación, y pese al avance de la técnica no se ha podido imitar con exactitud el movimiento de una rodilla natural.
Estas prótesis son más demandadas por las mujeres, probablemente debido a que padecen más artrosis, y puede decirse que las mujeres tipo, son las mayores de 70 años, con sobrepeso y que han cursado un proceso degenerativo de la articulación.
En el proceso de cambio de la articulación, el hecho de que se produzca una inflamación propia del post operatorio, puede hacer que las venas se colapsen por si solas o por culpa de alguna patología previa, generando un trombo o un coágulo, que es lo que se llama la trombosis venosa profunda. Esto ocurre en un porcentaje alto de las operaciones, aunque sintomáticamente es un porcentaje pequeño porque anteriormente se hace una prevención para evitar esos problemas, o sea que finalmente sólo afecta a un 2,5% de los casos.
Para hacer esa prevención se utilizan sistemas mecánicos para evitar que la sangre circule lentamente, como mediante una bomba plantar, que aplica una fuerza a la planta del pié para bombear la sangre cada 15 segundos, y así evitar que la sangre se pare.
Por otro lado hay medios farmacológicos, como la heparina, que fluidifica la sangre, y hace que la aparición de trombos sea más difícil de ocurrir. Esta heparina debe administrarse sólo en los casos en que no se produzcan efectos colaterales derivados de otras patologías de los pacientes, aunque es cierto que las nuevas heparinas han eliminado en gran medida muchos de los efectos adversos que podían producirse.
Posiblemente en el futuro habrá algún tratamiento molecular para prevenir ese desgaste de las articulaciones, sin que se tenga que recurrir a las células madre.

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