En pocas ocasiones, el acúfeno es signo de una patología seria; pero si así es lo importante es descubrirlo pronto, ya que esas lesiones suelen tener un buen tratamiento cuando se diagnostican precozmente. En muchas ocasiones es un síntoma de algo muy tratable en los primeros momentos, que luego se cronifica y se hace más difícil de tratar.
Lo primero que hace el otorrinolaringólogo es una buen historial médico, descubrir que otros síntomas acompañan a ese acúfeno (no suele ser un síntoma único), estudiar la audición, hacer una exploración neurológica. Después prescribe las exploraciones necesarias, resonancias, escáner de la cabeza, pruebas específicas de audición...
A veces, después de una batería de pruebas el especialista no llega a descubrir ninguna alteración, lo que no significa que no la haya. Simplemente son alteraciones funcionales del oído; en realidad el ruido existe, ya que hay una degeneración de las células del oído que hacen que las células nerviosas manden estímulos al cerebro cuando no lo deberían mandar. Muchas veces hay que hacer tratamiento sintomático.
Hay acúfenos que son medibles, la mayor parte de ellos responden a temas vasculares relacionados con el oído; pero la mayor parte, en un 90%, no son medibles. Se pueden medir haciendo lo que se llama escala analógica, pidiéndole al paciente que ponga por escrito intensidades, molestias..
El síndrome de Ménière conlleva, a parte de acúfenos, una pérdida de audición y un cuadro de vértigo.
Esta patología es frecuente, ya que la especie humana aumenta su esperanza de vida y con ello, se añaden problemas vasculares que hacen aparecer acúfenos.
Es muy difícil saber qué parte del sistema nervioso se ha alterado, por una pequeña infección viral o por un problema vascular. Es un tema en el que se investiga muchísimo, con grandes dificultades porque el acceso al oído interno en a especie humana es prácticamente imposible de una forma directa. Por eso, toda la investigación se basa en investigación animal aplicada, estudios fisiológicos in vitro.
Uno de los mecanismos para evitar que los acúfenos no afecten es enmascararlos y la forma de hacerlo es oír y los audífonos ayudan a eso.
El sistema nervioso central tiene mecanismos, llamados de neuroplasticidad, para atenuar los acúfenos en cierta medida. Los pacientes los padecen mucho una temporada y luego, poco a poco, los van padeciendo cada vez menos, el problema es que hay momentos en la vida en que es imposible no notarlos, como intentar conciliar el sueño en una noche silenciosa.

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