Entre gastroenteritis, procesos febriles y respiratorios, tos, etc, durante los primeros 10 años de vida un niño sufre del orden de 80 a 100 procesos infecciosos autolimitados, un promedio que no tiene la menor trascendencia si el menor crece y se desarrolla con toda normalidad, apunta el profesor Alfonso Delgado, presidente de la Asociación Española de Pediatría.
Delgado se muestra asimismo muy preocupado por el
sedentarismo infantil alimentado por los videojuegos y la televisión, y en ese sentido afirma que jugar, caerse y hacerse una pequeña "herida" no es nada malo, sino un hecho que entra dentro de la lógica de un menor ansioso por moverse y hacer ejercicio físico.
La etapa de la
guardería ya es un anticipo de las alteraciones fisiólogicas que padecerán los niños en los próximos años. Cuando acuden a esos centros, los menores suelen contraer fiebre, tos y mocos, algo que no es extraño si se tiene en cuenta que sus cuerpecitos están en pleno proceso de estimulación del sistema inmune y por tanto están fabricando anticuerpos.
Por lo que respecta al concepto de
autonomía personal del niño, a partir de los 12 meses de edad se recomienda estimular al menor mediante juegos, enseñanza de palabras, narración de cuentos con presencia de imágenes de colores, audición de música, etc. En cuanto a la capacidad del habla, el profesor Delgado aclara que existen muchas variables en función de cada persona, si bien lo habitual es que a partir del primer año se empiecen a pronunciar palabras como "papá" o "mamá", pronunciación cuya nitidez aumentará con el paso de los meses hasta que, por norma general, entre los 14 y 16 meses los niños formen frases "
contractas", de dos palabras, por ejemplo "nene comida".
Si a los dos años de edad el niño tuviera dificultades para hablar o su lenguaje fuera especialmente restringido, se debería consultar con el pediatra por posibles deficiencias de audición o de dislexia.
Delgado recuerda que para evitar
accidentes domésticos con implicación de niños no hay nada como tener controlados la cocina y el baño, los dos lugares más peligrosos de una casa.